Escrito por Tendenzias

Leonidas da Silva, el Diamante Negro

Aquel día de 1938 el campo estaba hecho un lodazal después de las fuertes lluvias que estaban cayendo. Los campos no estaban tan perfeccionados como ahora, y se hacía difícil mantenerse en pie. Un jugador brasileño, su ariete, se acercó a la banda, se descalzó y arrojó las botas a la banda. Descalzo, con los pies y las piernas embarrados, volvió al terreno de juego, recibió un balón centrado por un compañero y magistralmente lo enganchó marcando el segundo gol de Brasil esa noche. Aún marcaría tres más aquel día. El del 6-5 de Brasil ante Polonia. El del mayor espectáculo goleador en toda la Historia de los Mundiales. Su nombre: Leónidas da Silva.

 

Leónidas Da Silva nació el 6 de septiembre de 1913 en Río de Janeiro, y con apenas 21 años ya formó parte de la selección brasileña que disputó el Mundial de Italia de 1934, donde marcó el único gol que la canariña hizo en aquel Mundial del que tan rapidamente fueron eliminados.

Conocido como “el diamante negro“, Leónidas da Silva comenzó a crecer futbolísticamente y hacerse cada vez más conoocido y temido. Como delantero centro destacó por su olfato de gol, por su habilidad y agilidad con el balón, y por su potente remate de cabeza. Él fue el inventor de la bicicleta, ese clásico regate brasileño.

Del Botafogo, club en el que se hizo famoso, pasó al Flamengo en el que jugó entre 1935 y 1942, año en que ficharía por el Sao Paulo donde jugó hasta su retirada en el año 1950, con 37 años de edad.

 Leonidas da Silva

Pero fue el Mundial de Francia de 1938 el que le dio el espaldarazo definitivo. Y lo hizo gracias a lo que él mejor sabía hacer: sus goles. Con 25 años se proclamó máximo goleador de un campeonato donde Brasil, por primera vez, dio una soberana lección de fútbol arte. El se convirtió en el primer jugador que consiguió marcar cuatro tantos en un partido del Mundial (ante Polonia). En la siguiente ronda, ante Checoslovaquia, en lo que se conoció como la “batalla de Burdeos“, marcó otro más, como también lo haría en el desempate, y, para sorpresa de todos, no jugó la semifinal ante Italia, pues según su seleccionador, se le quería dar descanso para la final, a la que tan seguro estaba de llegar su seleccionador Ademar Pimhenta.

En el partido de consolación, y ya con el equipo al completo, Brasil volvió a dar otra lección mágica en la que de nuevo Leónidas volvió a destacar con otros dos goles más, para cerrar su anotación en el Mundial con 8 tantos.

Leónidas da Silva fue campeón de Brasil con el Vasco de Gama (1934), con el Botafogo (1935), con el Flamengo (1939) y con el Sao Paulo (1943, 1945, 1946, 1948 y 1949).

Desgraciadamente, la Segunda Guerra Mundial dejó a Leónidas sin poder jugar más partidos con su selección, y al Mundo sin poder ver durante más tiempo la magia de O Diamante Negro, Leónidas da Silva.