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Vojvodina 1 – Atlético de Madrid 2

A las 16:30 de la tarde se jugó ayer el partido de vuelta de la última eliminatoria de la fase previa de la UEFA entre la Vojvodina serbia y el Atlético de Madrid. Una hora perfecta para la siesta y, jugando el Atleti, el mejor compañero para garantizar un sueño profundo, incluso mejor que los documentales de leones de La 2.

Porque el 3-0 de la ida le daba al equipo colchonero cierta tranquilidad (con el Atleti nunca se sabe) pero, lejos de sentenciar el choque, nos tenía a todos los atléticos con el corazón en un puño sabiendo que no todo puede ser tan bonito, que algo tendría que pasar, y que ni los más viejos del lugar recuerdan un partido tranquilo del Atleti.

El partido, que se jugaba a esa hora porque en el estadio de la Vojvodina no existe la iluminación artificial, transcurrió entre el sopor colchonero y la voluntad de los serbios, un quiero y no puedo, derrochando fuerzas con la inocencia calzada en las botas.

Pero claro, esto es el Atleti y, si no hay emoción, ya se encarga la defensa de ponerle un poquito de sal, temblona en cada jugada a balón parado, regalando todos los rechaces, perdiendo absurdos balones en el centro del campo y enseñando a Abbiati que su vida como portero rojiblanco (por cierto, horrible la indumentaria del Atleti, más parecida a un pijama que otra cosa) no va a ser nada placentera.

Al filo del descanso, gol de los serbios, que necesitaron casi seis toques para introducir el balón en la portería, pese a las ayudas de los defensas atléticos. Podría pensarse que el gol vino fruto de la relajación y del dominio ficticio de los serbios, contando los madrileños con el colchón de los tres goles de ventaja de la ida. Nada más lejos de la realidad. El dominio era real, lo que pasa es que los serbios no sabían. Y la relajación atlética, más bien empanada, es crónica, no puntual. Nadie estaba en el Atleti, sólo un poquito Raúl García.

En la segunda parte, más de lo mismo. Casi sin quererlo, en un saque de banda en el que Reyes hizo una pared con Antonio López, sirvió para que el alicantino profundizara por banda, mandando un centro al área que Luis García, como el que no quiere la cosa, con la pillería marca de la casa, hiciera el 1-1 y dejara sentenciada la eliminatoria.

Con el empate se acabó todo. Raúl García hizo el definitivo 1-2 y Abbiati detuvo un penalti casi al final del choque. No doy más detalles porque me quedé dormido.

Lo importante es que, siete años después, el Atleti vuelve a Europa, aunque haya sido por la puerta de atrás y de una manera no especialmente brillante pero, cuando hay necesidad, no importan las formas.

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