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-     Escrito por david

Francia 1938, fase final

Tras los problemas políticos surgidos en medio de un ambiente pre-bélico, y los deportivos ocasionados por el boicot de los países americanos, que estimaban que el Mundial debió celebrarse en Argentina, Francia se mostró dispuesta a ofrecer una imagen de cordialidad y ante todo, una gran espectáculo de fútbol. El Mundial de Francia de 1938 estaba a punto de comenzar, con Italia, actual campeona del Mundo, Francia, como anfitriones, Brasil, que por primera vez parecía tomarse en serio un Mundial, y Hungría, donde empezaban a destacar jovenes jugadores que harían historia en el fútbol magiar, como grandes favoritos.

Por primera vez, el actual campeón, Italia, y el anfitrión, Francia (ver hoteles en París) estaban clasificados por derecho. Y, una vez más, como ocurriera en Italia 1934, dos selecciones, Alemania e Italia, jugaban con la mirada y las amenazas de sus respectivos gobiernos. Il Duce una vez más había mandado un mensaje a sus jugadores: “vencer o morir“, mientras que el Führer vendió este Mundial como un ejemplo de la superioridad nazi. El camino de ambas selecciones, sin embargo, fue muy distinto. Mientras Alemania caía eliminada en la ronda preliminar ante Suiza entre el abucheo del público, Italia llegaría hasta la final.

En la ronda preliminar hubo dos encuentros que destacaron por encima de todos: Alemania-Suiza y Brasil-Polonia.

Alemania (ver hoteles en Berlín) llegaba con la vitola de su fortaleza física y de conjugar en una sola selección a dos países: Alemania y a la anexionada Austria, semifinalista en la anterior edición. Su rival era Suiza, una selección sin demasiado potencial y que era claramente inferior. Sin embargo, Alemania hubo de enfrentarse a un auténtico infierno. Nada más saltar al terreno de juego y saluda, brazo en alto, al estilo nazi, el abucheo del público francés fue absoluto. Durante todo el partido tuvieron que sufrir el continuo cántico de La Marsellesa, el himno francés, y aunque llegaron a ir ganando 2-0, finalmente, acabaron perdiendo por 4-2 ante el delirio de los aficionados locales.

En el otro gran partido, Brasil y Polonia ofrecieron un espectáculo inolvidable. Aquel partido se convirtió en el de más goles de un partido de fútbol en un Mundial. El resultado final lo dice todo: 6-5 para Brasil, con Leónidas como gran goleador con 4 tantos.

En otro partido de esta fase preliminar, el Cuba-Rumania, se produjo otro hecho curioso. Hubo un primer partido que acabó con 3-3, pero con las nuevas reglas, si en los 30 minutos añadidos se seguía empatado se jugaría otro partido. De aquel 3-3, la gran figura fue el portero cubano Carvajales. Sin embargo, el partido de desempate no lo jugó él. Lo cuiroso es que no estaba lesionado ni fue decisión técnica. Simplemente, lo hizo tan bien, que lo contrataron para una radio cubana y el jugador decidió comentar el desempate en vez de jugarlo.

En los cuartos de final destacó el Italia-Francia, en el que los campeones italianos derrotaron a los locales entre el tremendo abucheo del público francés. Francia había estado acogiendo a los disidentes italianos que no estaban de acuerdo ocn el régimen fascista. Por ello, el enfrentamiento entre ambos países era total. Nada más salir al terrenos de juego, los azzurri se vieron indecisos si saludar mano en alto o no. Si lo hacían se echarían al público encima. Si no, sería Mussolini el que tomaría reprimendas. Finalmente, lo hicieron pero muy tímidamente. Aún así, el partido se convirtió en el que más abucheo pudo recibir jamás equipo alguno.

Otro de los partidos de cuartos, Brasil-Checoslovaquia, fue conocido como “la batalla de Burdeos“. Los brasileiros salieron con la misión de frenar a Nejedly, y vaya si lo hicieron. Al poco de empezar le rompieron el tobillo. A Planicka, su otra figura le rompieron la clavícula. Tres jugadores fueron expulsados, y los brasileños acabaron el partido con ¡9 lesionados!. En el partido de desempate, Brasil se impuso a Checoslovaquia por 2-1.

Ya en semifinales, Hungría hubo de enfrentarse a Suecia, a quien apabulló por 5-1. y es que los suecos, que habían marcado en el primer minuto de juego, no volvieron a chutar más en todo el partido. Tanto es así, que un cuervo se había posado sobre el larguero de la portería húngara y allí estuvo todo el partido. En la otra semifinal, Italia hizo vales su superioridad derrotando a Brasil por 2-1. El combinado brasileño hubo de volver a su tierra a través de Uruguay para evitar lo que en su país se consideró como una verguenza nacional.

Italia Hungria 1938

En la gran final del Mundial de Francia de 1938, en el estadio de Colombes, y frente a 50.000 espectadores, Italia derrotó a la joven Hungría por 4-2 alzándose con la copa Mundial por segunda vez consecutiva. Destacó en el combinado italiano un nombre que luego se haría famoso en el mudno entero: Giuseppe Meazza. En los húngaros ya empezaba a destacar, junto a Szengeller, un jugador que años después se convertiría en gran figura mundial, Szabo.

Desgraciadamente, con aquel mundial se cerraron años de historia de fútbol, porque por culpa de la Segunda Guerra Mundial, no se volvió a disputar un Mundial hasta el año 1950.