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Ciclismo y reflexiones pre-siesta

Hace unos días estaba intentando sestear tumbado en el sofá, haciendo zapping buscando algo que me arrullara en mi viaje a los dulces y amorosos brazos de Morfeo, preferiblemente un documental de leones, mano de santo contra el insomnio, cuando me encontré con la Vuelta Ciclista a España.

Es sorprendente, me dije entre bostezos, cómo han conseguido, entre todos, acabar con un deporte que, hace muchos años, era un ejemplo de sacrificio y superación constante (un deporte para súper hombres, decían las radios de la época), hoy convertido en la Ruta del Bakalao en bicicleta.

Vaya por delante que me dejé de interesar por el ciclismo por dos motivos fundamentales.

El primero, la retirada de Perico. Sí, es cierto, Induráin ganaba pero, a veces, ganar no es lo más importante. Perico, el gran Perico, emocionaba. Y eso sí es verdaderamente importante.

El segundo, la muerte de Pedro González, el mítico y genial comentarista de Televisión Española que, durante muchos años, nos transmitió su amor por este deporte. Seguro que, desde el cielo, contempla horrorizado la vergüenza en la que se ha convertido el mismo, lleno de sospechas y drogas, como si de la peor discoteca ibicenca se tratara. Sólo faltan un par de hooligans en bici para terminar de darle ambiente pero, tranquilos, que todo llegará.

Y entre bostezos y reflexiones deportivas, continué mi viaje por la parrilla televisiva buscando algo que me durmiera del todo (con los programas que hay no es complicado), concluyendo, una vez más, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sobre todo para el ciclismo.