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Atlético de Madrid 3 – Vojvodina 0

Partido de ida de la última fase previa para entrar en competición europea, de clase B, como es la UEFA, pero Europa, al fin y al cabo que, tal y como está el patio, podemos darnos con un canto en los dientes.

Como uno ya es veterano en estas lides, se incorporó al partido sobre el minuto 65 y, oh, azares del destino, me encontré con el Atleti, con mi Atleti, ganando 2-0, sí, es cierto, al Vojvodina, un “equipo” (por decir algo) de medio pelo pero, las cosas como son, dado que la mediocridad, salvo las luces que aportaba Torres (qué raro se me hace hablar del Niño en pasado) y algún destello de Maxi, estaba instalada en el Calderón desde hacía muchos años, era motivo suficiente de alegría (con qué poquito nos conformamos).

Llegué a tiempo para ver el tercer y definitivo gol, obra de un resucitado Agüero que, al menos de momento, parece haber olvidado las correrías nocturnas que dificultaron su adaptación al fútbol español (no confundir con la noche madrileña, medio con el que uno se mimetiza a los cinco minutos de haber llegado).

Después de ese tanto pude ver aún treinta minutos más de buen fútbol (lo juro, estoy sobrio) y, lo que es aún más extraño, ese buen juego lo puso el Atleti (de verdad, no he tomado nada), de tal modo que los serbios se llevaron tres, pero bien pudieron ser unos cuantos más.

El desenlace de esta eliminatoria, en quince días y, como en ese periodo de tiempo, tratándose del Atleti, pueden suceder muchísimas cosas, sabe Dios cómo terminará esto… porque lo mismo en el partido de vuelta nos meten seis. A mí, tratándose del Atleti, ya no me sorprende nada.